Ago 19 2010

Santiago Niño Becerra sobre los ayuntamientos

Aplicable a nuestro pueblo al 100 %. Las negritas son mías.

Copiado de La Carta de La Bolsa en la sección de opinión De impuestos, deudas y servicios – 1

Entre los años 1975 y 2010 la deuda total de los ayuntamientos del reino ha crecido el 2.183%, más o menos, el 72% anual, ¿pueden Uds. citar muchas actividades, precios, economías, salarios, que hayan tenido un crecimiento semejante?ilustración, les costará encontrar muchas, y aún menos si se trata de actividades legales.

Coincidiendo en el tiempo con lo anterior, el Señor Ministro de Fomento ha manifestado que para que España cuente con unos servicios públicos de calidad su ciudadanía debe aceptar que la presión fiscal española aumente, una presión fiscal, ha dicho -y es cierto-, que es de las más reducidas de Europa.

Bien. Estamos llegando a aquello que ya hemos comentado aquí: al tiempo en que veríamos agujeros en el pavimento de las calles de nuestras ciudades (si prefieren sustituyan agujeros en el pavimento por suciedad deficientemente recogida, basuras acumuladas, mobiliario urbano deteriorado y no reparado y desde luego no repuesto, servicios de calidad a la baja, …); debido a un problema de recaudación, evidentemente, pero no sólo. (Superecomendable un texto de Paul Krugman en la Pág. 10 de El País Negocios del 15.08.2010: detalla hechos que ya están sucediendo -en USA- y que les sonarán: en Colorado Springs el ayuntamiento ya ha apagando, o se halla en vías de hacerlo, el 30% del alumbrado público: una farola de cada tres, pero hay más: Gobiernos locales que están destruyendo carreteras -en USA, sí- porque no pueden mantenerlas (además, la destrucción genera PIB).

Ya, ya: los ayuntamientos españoles consideraron como fijos ingresos que eran atípicos: los del ladrillo, fundamentalmente, ingresos que en algunos casos llegaron al 35% de su presupuesto de ingresos, y, en consecuencia, montaron estructuras y gastaron con arreglo a esos ingresos, y se endeudaron según esa falsa previsión de ingresos, y se comprometieron con unos gastos de mantenimiento en función de esos ingresos virtuales, y aceptaron competencias traspasadas por los Gobiernos regionales creyendo que esos ingresos iban a continuar siempre; claro eso es parte del problema, pero no es EL problema: EL problema es que lo-de-antes no va a volver.

El Señor José Blanco habla de presión fiscal, pero no cuenta toda la película: cierto, la presión fiscal es más reducida en España en comparación con la media europea, pero no dice el motivo de que ello sea así, y el motivo es doble: 1) por un lado, al ser baja la productividad española los salarios medios tienen que serlo, por lo que una presión fiscal elevada aún hubiese puesto más de manifiesto los bajos salarios españoles (a eso, evidentemente, debe añadirse que el nivel de fraude fiscal es mucho más elevado en España que en el resto de Europa, cosa a la que el Señor Ministro tampoco se refiere); 2) por otro el atraso en la oferta de servicios públicos con respecto a muchos países europeos era tan estratosférico, tanto, que para que esa oferta hubiese aumentado significativamente hubiese tenido que incrementarse tantísimo la presión fiscal que hubiera sido insoportable, y tampoco de eso ha dicho nada en Señor Ministro. (¿El atraso?, vean el porcentaje que sobre PIB gastan España y otros países europeos en protección social),

España, a lo largo de los años que ha durado el ‘España va bien’ ha mejorado sus servicios, naturalmente, de entrada porque se partía de una situación muy retrasada, pero lo cierto es que ha aumentado la cantidad y la calidad de sus servicios, tanto a nivel nacional como local, y ahora viene lo mejor: no sólo sin aumentar la presión fiscal, sino reduciéndola: entre 1996 y el 2004, porque era lógico que así fuese debido al color del Gobierno, a partir del 2004 porque ‘bajar impuestos era de izquierdas’.

En otras palabras, de nuevo fue por volumen por la razón por la que el Estado español aumentó sus ingresos públicos: más turistas, más viviendas, más automóviles, más bares y restaurantes, más consumo, … = más recaudación fiscal, pero era una recaudación temporal, dependiente y tramposa: a la que se han construido menos viviendas, a la que han venido menos turistas, a la que se han servido menos sangrías en los chiringuitos de playa, … los ingresos públicos se han caído, por lo que aquellos servicios que se ofrecían ahora no puede garantizarse que vayan a poder continuar ofreciéndose.

Tremendo, sí, pero más aún de lo que parece: estando ya los ingresos en caída casi libre, el Estado -los Estados: este actuar no ha sido exclusivo de España- se embarcaron a lo largo del 2008, 2009 y parte del 2010 en una orgía de gasto -de déficit: se gastaron lo que no tenían- a fin de ‘reactivar y estimular la economía’; a la que el efecto de las anfetas pasó … volvemos a la casilla de salida pero peor de cómo empezamos: mucho más entrampados.

Los ayuntamientos se encuentran endeudados (algunos superendeudados y otros megarchiendeudados): deben cosas que compraron, además, deben pagar servicios que todo ayuntamiento debe prestar, además además, tienen que mantener los jardines, polideportivos y paseos que encargaron construir (muchos de los cuales no han pagado), y ello en una atmósfera de ingresos a la baja derivada de una actividad económica que está descendiendo y que así va a seguir, porque la política de gasto diseñada por muchos ayuntamientos no se basaba tan solo en creer que ‘las cosas iban a seguir como iban’, sino en considerar que iban a ir a más de lo que ya estaban yendo.

El Estado, por su parte, se ve presionado a dos bandas: las regiones piden más y los servicios que de él dependen (en realidad, salvo en Euskadi y en Navarra todos los servicios dependen del Estado: él recauda y el da; el como da es otra película) cada vez son más caros, y evidentemente los fondos disponibles cada vez son -van a ser- menos.

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